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miércoles, 8 de agosto de 2007

"Pajas" sobre la imaginación

Newton, sus gloriosas pajas hoy nos permiten viajar en metro


“Fumar marihuana produce amnesia y... otras cosas que no me acuerdo”Woody Allen

Comenzar a hacerse la paja es sin duda alguna, una de las épocas mas doradas de cualquier adolescente. Adolescencia sin pajas es como Venezuela sin Salto Angel, como cachito sin jamón, como baño sin papel toilet (o tualé). Dicho acto determina en efecto, quienes serán los próximos ingenieros, doctores, poetas y demás profesionales del futuro, pues la imaginación es la primera mujer de todo hombre, y dependiendo de cómo la estimules, la misma tomará forma y te corresponderá. Los perfiles apaciguados, futuros escritores de vanguardia, apartan el plano físico y relegan la acción a la imaginación. Por ello, son capaces de pasar 24 noches haciendose pajas por todas las chicas de su salón de clases (dicho numero varía acorde al número de féminas en el salón en cuestión). Shakespeare, Cervantes, García Márquez, Beethoven... no me quiero ni imaginar las orgías que podían formar en su imaginación estas mentes maestras con tal de alcanzar un buen punto de excitación al momento de pedir cola pal’ cielo. Cualquier película de Venus hubiera quedado como una verdadera parodia del Chavo del 8 si supiéramos que se imaginaban estas lumbreras, pajizos descomunales. Por otro lado, ahí quienes llegan a tener ideas más prácticas y menos subjetivas que una mente ordinaria difícilmente tendría: Carlos Raúl Villanueva, arquitecto y mente maestra de obras como los bloques del Silencio y la Universidad Central de Venezuela; no me imagino que clase implementos hubiera podido emplear para darse placer cuando adolescente... Desde un pote de champú hasta un melón eran buenas opciones para convertirlas en la Marilyn Monroe de turno. American Pie, película donde Jasón Biggs fornica con un “Pie” o torta de manzana, es simplemente un insulto, una blasfemia comparada a lo que maestros como el ya mencionado Villanueva, Le Corbusier, Miguel Angel (por algo hizo el David), Graham Bell o Thomas Edison, hubieran podido emplear.

Un venezolano inventó el bisturí y el microscopio electrónico, supongo que como todo gran maestro, sus pajas eran memorables, pero al menos dejó un buen legado. Y a lo mejor por ignorancia o simplemente que no ocurre muy a menudo, no he escuchado o leído sobre alguna otra lumbrera de nuestro país que emulara una hazaña de este nivel, al menos en lo que a cosas productivas se refiere. El suspicaz venezolano es muy creativo, y no va a ser menos que el resto del mundo a la hora de innovar sobre como hacernos la paja (¿Quien creen que invento dejar el jabon azul en remojo?). El problema se presenta cuando esa vibra creativa e innovadora, esa bárbara estimulación de la mente, no se enfoca en propósitos positivos, como inventar una vacuna contra la temiga, sino que se canaliza en nuevas formas de robar, de “martillar” o pedir en la calle, de pedir reposos chimbos, de estafar, de chulear, de pedir prestado...

Me imagino que el 65% del contenido de las aguas residuales en Japón y Korea es semen, porque seres mas creativos en inteligentes que ellos no hay a mi parecer, y la base de su desarrollo encuentra su fundamento mas que en la inteligencia, en su creatividad. Si de este lado del mundo, y sobre todo en nuestro país, enfocáramos nuestra enorme capacidad creativa en hacer cosas productivas y no en escribir canciones a ritmo de “regueton” donde nos burlamos de lo astutos que han sido los japoneses a la hora de cojerse al mundo, nuestras pajas darían sus frutos.

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