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miércoles, 6 de mayo de 2009

Mi jefe Walter

Digamos que se llama "Walter"...
Conozcamos un poco a Walter. Walter se nos presenta, se nos vende, intenta a través de cualquier medio disponible, parecer lo que en el fondo no es, no ha sido, y probablemente nunca será: alguien respetado. Dicho respeto, del que Walter cree gozar, no es espontáneo, no es natural, así como naturalmente pueden respetarte e inclusive apreciarte a un sujeto como tu que lees esto o como yo que lo escribo, solo por nuestra condición humana. No. El respeto del que goza Walter es una mera ficción, algo que solo le durará el tiempo que le dure su muy desnutrida, transparente y delgada investidura de poder y autoridad; poder y autoridad que Walter no se ha podido forjar por si mismo, sino gracias al cargo que detenta.

Walter seguramente en su escuela primaria y secundaria era el gordo al que todos patean y meten de cabeza en el tobo de la basura; en la universidad, seguramente todos los que él creía sus amigos, intentaron por medios desesperados sacarle el culo por lo insoportable que el individuo en cuestión seguramente era; y muy probablemente ya en su vida adulta, es un personaje que seguramente gozará de calidas noches de fin de semana en compañía del canal Venus y de cientos de fotos pornográficas en su computador personal, ya que se avizora como imposible que una mujer en sus sanos cabales quiera pasar su tiempo con alguien que sería capaz de obstinar hasta convertir en un asesino frenético fuera de sus cabales al mismísimo Ghandi, o al Dalai Lama

Y da tantas vueltas que da esa pelota de mierda llamada vida, y resulta ser tan injusta en la mayor parte de los acontecimientos que de ella acaecen, que estos hijos de puta, frustrados de oficio, son los que llegan a detentar, alguna vez en su vida, algún tipo de autoridad; y peor aún, llegan a tener, inclusive, gente bajo su mando.

Corred, pues, que no quedará árbol en pié ante semejante inquisidor.

Walter, por analogía, es el mismo caso de aquel profesor desgraciado que con sonrisa complaciente, se jacta de que históricamente, sólo el 5% del salón le pasa, indistintamente del esfuerzo que los alumnos puedan ponerle a la materia. Walter es ese profesor, pero dentro de una Empresa, de la que muy posiblemente se cree el dueño, amo y señor; Walter es pues, el jefe, triste y lamentablemente, es el jefe.

Hoy Walter me amonestó “verbalmente” (que para los efectos es lo mismo que un pedazo de papel firmado), aún siendo él lo que se puede denominar un “jefe interino” o “transitorio”, pero que lamentablemente, y gracias al alto rango que detenta, no consigue limitaciones en cuanto a las competencias que le fueron conferidas para el ejercicio de su cochino cargo, ya que en vez de dedicarse a revisar asuntos de verdadera importancia inherentes a sus funciones (funciones que por cierto, presentan profundos vacíos gracias a la ineptitud intrínseca de este nefasto sujeto, y que yo mismo he podido dejar en evidencia), Walter se dedica a observar el reloj mientras àsea toda la puta empresa, en pro de que nadie llegue fuera de la hora de inicio de la jornada laboral. Solo basta imaginarse al Sr. Rajuela esperando a Pedro Picapiedra en la entrada de la cantera. Así de caricaturesco resulta ser este imbécil.

En la mente de Walter, puntualidad es rendimiento, aún cuando yo mismo he constatado en casi todos mis empleos, que la gente que mas temprano llega a su puesto de trabajo, es la que mas tarde comienza a desempeñar sus labores, dada esa natural tendencia de “echar carro” en la primeras horas de la mañana, sea leyendo el periódico gratuito que regalan en el semáforo, sea preparando y posteriormente tomándose el café, sea revisando el correo electrónico… Todo ello con la consentimiento que otorga el haber llegado cónsone con el señor termómetro del tiempo, ante la mirada plausible de jefes güevones como Walter.

Walter, eres un hijo de puta.


Nota: de poner mas indicios facticos de lo frustrado que este caballero como jefe, me estaría “boleteando” demasiado, así que no contaré mas……..… hasta que algún día me boten y pueda contar mucho, muchísimo sobre Walter.

Pero créanme, situaciones no han faltado para que la conclusión de quien las escuche sea: “hey, ese tipo lo que es rolo de maricón”

1 comentario:

Amanita Muscaria dijo...

Nuestro jefe Walter... puede haber alguien que no se haya topado con una joya así como jefe??? Lo dudo, y es que para mi es cuestión de simple estadística: el 80% de los venezolanos son ineptos (tus compañeros de trabajo, estudio, funcionarios etc), un 19% son otra clase de ineptos con poder que gobiernan a los ineptos anteriores (tu jefe, el de la junta de condominio, el presidente etc) y el 1% restante ERES TU MISMO, que debes hacer el trabajo que ese 80% de ineptos de primer orden no pudieron mientras le rindes cuentas al otro 19% de ineptos de segundo orden, tratando de hacerte entender sin morir o matar en el intento. lo puedo avalar experiencialemente hablando: LA VAINA NO ES FÁCIL!!!!!