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lunes, 15 de marzo de 2010

Stick Men en Caracas. Una experiencia ultrasensorial




Centro Cultural Corp Banca. Domingo 14 de marzo. 5 y 10 p.m. Un señor entra en escena para realizar ciertos agradecimientos a la empresa organizadora del evento (Profit Producciones) y a su vez dar una breve introducción a la banda que estábamos por ver, asomando detalles que estoy seguro todos los que estabamos en la sala ya sabiamos: la trayectoria de Tony Levin como solista, y por supuesto, como responsable principal del bajo de la leyenda progrésiva: King Crimson.

A las 5 y cuarto fue cuando todo empezó.

Aquí me permito una pausa: lo que va de año 2010 ha sido muy fecundo en cuanto a la presentación de artistas del medio rockero y metalero contemporáneo: ya tuvimos el paso de la increíble banda Obituary, que ofreció un show devastador; en Maracay tuve la oportunidad de presenciar a la impresionante banda de brutal death metal Cannibal Corpse que, sin lugar a dudas, y luego de haber visto actos como los de Carcass, Slayer y Vader, puedo aseverar que ha sido la banda mas violenta que he tenido oportunidad de presenciar, algo digno de la batalla de las Termopilas (al mas puro estilo de los 300 guerreros). Mas recientemente, tuve la oportunidad de ver por segunda vez a Metallica, quienes acompañados de los nuevos maestros del metal progresivo, Mastodon, ofrecieron un show difícil de olvidar, a pesar de todas las circunstancias y letanías a las que nos sometió la empresa organizadora del evento.

Pero lo de ayer, 14 de febrero, fue algo más allá, otro nivel, un plus ultra, el “opus dei” de los conciertos que he tenido oportunidad de ver, y seguramente de los que se ha dado en Venezuela. Tanto me ha marcado este show que ha sido el único que me ha animado a reseñarlo en mi blog.

No tuve oportunidad de ir a Deep Purple, Motörhead, Nine Inch Nails, Jethro Tull, a ninguno de los conciertos de Dream Theater (al fin iré a esta tercera oportunidad), por lo que voy a aseverar puede sonar algo riesgoso, pero no me caben dudas que este ha sido de los mejores performances que se ha traído a nuestro país. Es algo más allá de las palabras.

Stickmen, banda liderada por Tony Levin, pero en la que cada uno de los tres integrantes tiene igual peso, igual talento, igual dominio, igual tecnicismo, igual escena, igual magia y creatividad, es lo que hoy por hoy podría considerarse lo mas cercano a ver a King Crimson en vivo, pero con un extra que simplemente no logras asimilar en una primera instancia.

Centrar la atención en uno solo de los músicos, sea mientras improvisan, o bien mientras interpretan alguna de sus canciones (propias o versiones de King Crimson o el mismísimo Stravinsky) resulta tarea imposible. Música de camara, o más que música, arte en estado puro y refinado. Eso es lo que hacen estos señores.

Los Stickmen interpretan un compendio de canciones propias, entre las que figuran Sasquatch, Soup y la impresionante Tsunami Surfing. Levin, un hombre cálido, con semblante de intelectual, políglota, intenta de manera muy efectiva comunicarse en español con el público asistente. El público inclusive lo ayuda a mejorar su español corrigiendo amablemente las pocas pronunciaciones erróneas que pudiera tener.

La primera canción de King Crimson que nos regalan es anda menos que la mítica Red, con su caracterísitico riff salvaje azotando nuestros entendimientos y sentidos. Como era de esperarse, sonó perfecto, e inclusive la convirtieron casi de manera automática en una de mis canciones favoritas de esta banda.

Posteriormente, cada uno de estos prolijos músicos vendrían a darnos una clínica, una demostración de lo que significa hacer arte, no solo música. Michael Bernier sería el primero, y su improvisación, orientada por los lúgubres caminos de la música de cámara y académica con tonalidades menores, fue un verdadero viaje místico y ancestral, algo capaz de erizarme la piel, de crear una atmosfera verdaderamente densa (pero confortable) en la sala. Luego, Levín vendría a demostrar que si bien Bernier era un prodigio, el peso pesado seguía siendo él. Su improvisación rayó en lo increíble. Señores, este post-humano hace ÉL SOLO (mayúsculas intencionales)  lo que hacen el tandem Myung - Petrucci en Dream Theater. Una increíble  técnica de grabación secuenciada le permitió ensamblar lo que puedo considerar la mejor improvisación que he escuchado en mi vida entera, con un arpegio endemoniado de guitarra que no dejaba que apartaras los ojos ni un segundo del chapman stick y su ejecutante, salvo para ver lo impresionado y abstraído que estaba la persona que tenías a tu lado. Mastelotto, sin palabras, un baterista que a pesar de pintar ciertas canas, ciertas canas, cierta calvicie, ciertos kilitos, no tiene absolutamente nada que envidiarle a ningún baterista contemporáneo, de este u otro genero. Mitad batería, mitad secuenciadotes y loops, Mastelotto es el primer músico que veo que da la impresión de estar tocando tanto las percusiones como el sintetizador al mismo tiempo. Dos horas duró el concierto, y las dos horas estuvo Patt en plena actividad. Las únicas pausas que hizo fueron durante las improvisaciones de sus “compadres” (jocoso termino usado por Levin).

Luego de terminado el performance, tuvieron que salir dos veces mas, ya que el público no podía ocultar su emoción y en ningún momento pararon los aplausos, aplausos sinceros, aplausos de querer seguir deleitando el lado izquierdo del cerebro con semejante despliegue de virtuosismo. Indiscipline, Firebird de Stravinsky y posteriormente Elephant Talk (potente canción de King Crimson, y tercera que versionaron para la velada) para cerrar no solo uno de los mejores conciertos, sino una de las mejores y mas contundentes demostraciones de genialidad, disciplina y belleza musical que he tenido oportunidad de presenciar.

Incredulidad era el sentimiento que se que embargaba a todo el que salió del auditorio, a fin de esperar a los humildes músicos, dispuestos a compartir con su público, firmando autógrafos y sonriendo para el flash de las cámaras.

Increíble, sin exageración alguna, esto fue increíble. Ya ir a conciertos de cualquier otra cosa, va a parecer algo banal e insustancioso luego de haber violado el cerebro y la psiquis con tanto buen gusto.

Stickmen, simplemente estupendos.

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