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jueves, 9 de agosto de 2007

"Metrodiscplays"

Ellos solo quieren amenizar tu viaje


Cuando era solamente un niño, a veces me imaginaba lo genial que hubiera sido que el teléfono de mi casa, un CANTV de los primeritos, grises, de rueda, ruidosos hasta mas no poder, emitiera una sublime música en vez de esa campana tan desesperante, sobre todo si llamaban a las 2 a.m. solamente para decirte “marico”. Ya siendo un adolescente, y con la explosión de las manía con los teléfonos celulares, pude imaginar lo orgásmico de que esos odiosos y monótonos tonos fueran melodía de canciones. Se hizo realidad. Los tonos monofónicos y los polifónicos formato MIDI invadieron el mercado, haciendo olvidar a la gente que son los mismos tonos que usaban sus juegos favoritos de atari y nintendo, por el sólo hecho de que sonara tu canción favorita y los demás la reconocieran. Aún así, yo seguía teniendo pensamientos bizarros al respecto, no era suficiente. Aun imaginaba a mi teléfono TANGO (con línea Telcel) capaz de emitir un sonido tan real que fuera capaz de mentarme la madre para atender el teléfono: ATIENDE COÑO E’ TU MADRE. Aquello me hacía reír tan solo de pensarlo. Y se hizo la luz. Al poco tiempo, tal vez un año o dos, explotó en Venezuela la tendencia de los celulares con cámara que además, eran capaces de reproducir archivos de mp3. Aquello era más que un sueño. Más aun tomando en cuenta que, gracias a las vueltas de la vida, prontamente tuve la oportunidad de tener uno de los teléfonos mas destacados y que ocupó por mucho tiempo el lugar del mas avanzado: el nokia 6230. Maravilloso, simplemente maravilloso, personalizar mi teléfono con fragmentos de mis canciones favoritas era una actividad que yo disfrutaba tal y como lo hace lo niño con un juguete nuevo.

Pero nunca paso por mi mente que ocurriría lo que actualmente ocurre, y que me hace desear a veces que esa tecnología nunca hubiera sido inventada. No hay nada menos cierto que la tecnología en manos equivocadas es un arma de doble filo, y el venezolano ha sido experto en demostrar eso, sobre todo con los celulares. Yo puedo respetar sin ningún problema las tendencias y gustos de otras personas, pero si hay algo que me revienta los cojones es la CHA-BA-CA-NE-RI-A. Así de simple.

Y en mala hora coincidió la globalización de la tecnología a Venezuela: con la llegada del regueton, genero tristemente caribeño que no ha hecho sino hundirnos mas en la fosa del tercer mundo. Lo peor no era entonces que en cualquier momento y en cualquier lugar, una persona cuyo semblante zarrapastroso (por que no hay que confundir lo humilde con lo zarrapastroso), sacara un celular, que seguramente costaba en aquel entonces lo que esa persona podía ganar en dos meses de trabajo, repicando al cachondo ritmo de don omar o mister brian. Por que increíblemente el pobre en nuestro país es así. Prefiere comer arepa con mortadela todos los días con tal de tener DirecTV y el equipo de sonido mas bestial con el que pueda atormentar a todos sus vecinos a sus anchas panchas todos los fines de semana. Decía que lo peor no era el hecho de que un “repique” fuera la canción pegada en ese mes de alguno de los artistas, si se pueden llamar así, estandartes del regueton. Lo peor ocurre justo ahora, y cualquier usuario de metro, camionetica, o simplemente cualquier peatón sabrá que es así, ya que somos los testigos de lo que he decidido llamar los “metrodiscplays”, que no son mas que monos rancios que con un celular más caro que lo que puede ganar un padre de familia, o con uno más sencillo y económico, atormenta a todos los viajeros del vagón de turno, colocando su “cartelúa” salsa landra o su “bendito sea le cielo” regueton. Lamentablemente, el lerdo en cuestión olvidó el concepto de “headphones”, o audífonos. Es como si alguien le hubiese pedido amenizar el viaje de todos los usuarios, muchos de los cuales se muestran claramente molestos e incómodos, otros simplemente indiferentes, y otros del mismo nivel intelectual del discplay, tararean y disfrutan sumergidos en un sueños de playa “culito” y botellas de anís.



Ya no basta con los robos, empujones, peleas, malos olores, retrasos, calores intensos y hasta choques eventuales. El metro se está convirtiendo en la cuna de los elementos sociales mas impensables. Bienvenidos a la subcultura urbana de chabacanerismo, Metrodiscplays.

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